Domingo Huarte, Pelairea y Francisco Huarte: las personas detrás de Baños de Fitero desde 1909
Una sociedad anónima juntó a principios del siglo XX los dos balnearios de Fitero. Entre quienes la pusieron en pie estaba el fiterano Domingo Huarte Rupérez; después llegaron un marqués gerente, un administrador poeta y un consejero delegado que no dejó el cargo hasta los 91 años.
El reportaje «Baños de Fitero: historia del balneario termal del río Alhama» ya contó cómo pasaron las aguas de los monjes a los particulares. Este se fija en quienes llevaron el negocio desde principios del siglo XX, y con una advertencia por delante: Serafín Olcoz, autor de «Los Baños Romanos de Fitero», publicado con el Ayuntamiento, lamenta que haya desaparecido la documentación que permitiría estudiar a fondo esta etapa. Para reconstruirla se apoya sobre todo en Manuel García Sesma, que de joven trabajó en los propios balnearios y habló con su personal.
A comienzos de siglo, los Baños Viejos y los Nuevos eran dos empresas que competían a un kilómetro de distancia. Según García Sesma, los primeros iban a menos y los segundos a más. La portada de un folleto publicitario de los Nuevos, anterior a la fusión y conservado en la Biblioteca Navarra Digital, enumera a sus dueños: M. I. Morales de Setién, viuda de Eduardo Alonso Colmenares; las hijas de Octavio de Toledo, y Domingo Huarte. El nombre ya salía en 1876, cuando el médico José Genovés anotó que un tercio del establecimiento estaba repartido entre un Domingo Huarte de Fitero y Joaquín Águeda. Las fuentes no aclaran si se trata de la misma persona.
Tras el fracaso del tren que debía llegar a los Baños, los dueños de los Nuevos crearon una gran sociedad anónima. García Sesma destaca que, con otros accionistas, le dio un buen refuerzo económico el propietario fiterano Domingo Huarte Rupérez, y Olcoz recoge a otro autor, López de Azcona, que lo cuenta entre los promotores principales junto a la viuda de Alonso Colmenares y las herederas de Octavio de Toledo. La sociedad compró en 1909 los Baños Viejos a su último dueño, Francisco Villacampa. El balneario sitúa en junio de 1910 la unión completa de las dos explotaciones.
Conviene no confundirlo con Domingo Huarte Agreda (1888-1963), propietario e industrial, concejal e impulsor de las Casas Nuevas. Es a este a quien García Sesma atribuye la calle dedicada en 1971. Las fuentes consultadas no dicen qué parentesco tenían.
El primer gerente de la sociedad fue Luis Díez de Ulzurrun, marqués de San Miguel de Aguayo, casado con Eladia Alonso, hija de Alonso Colmenares. La dirección médica de los Nuevos siguió en manos de Miguel Gómez Camaleño, que en una memoria de 1911 presumió del cambio: en dos años, escribió, la casa se había convertido en «uno de los mejores» establecimientos de España. Enumeraba luz eléctrica en todo el edificio, nuevas salas de duchas e inhalaciones, árboles recién plantados para un futuro parque y automóviles que traían a los viajeros desde la estación de Castejón en poco más de una hora.
Quien mejor retrata aquellos años es Alberto Pelairea, administrador del Balneario Nuevo desde 1908 hasta su muerte, el 17 de abril de 1939. García Sesma, que lo trató, cuenta que había empezado y dejado las carreras militar, de Filosofía y Letras y de Derecho, y que pasó por la Azucarera de Tudela y por una fábrica de calzado de Sitges antes de llegar a Fitero. Era poeta y autor teatral, y escribió letrillas para el músico Lorenzo Luis Yanguas, como la que empieza: «Son los Baños de Fitero / la cosa más especial». Su mujer, Cecilia, vigilaba que los servicios del hotel funcionaran. En 1922 la villa lo nombró hijo adoptivo.
La cara menos amable la da el mismo autor al describir al personal de los Nuevos en la segunda década del siglo. Los cuatro poceros y dos poceras no cobraban sueldo de la empresa: esta les daba un catre vacío en las buhardillas, ellos traían el colchón de casa y se pagaban la comida. Vivían de los 30 reales que abonaba cada bañista por la novena y de las propinas, y llevaban en brazos a los enfermos, envueltos en mantas, desde el baño hasta la habitación. Un folleto de propaganda lo vendía como un sistema exclusivo de Fitero. Cada pocero sacaba unas 800 pesetas por temporada. La decena de camareras trabajaba a cambio de comida, cama y propinas, unas 300 pesetas, y se costeaba el uniforme.
De 1957 a 1983 fue administrador general Jesús Azpilicueta, de quien García Sesma obtuvo los datos de las grandes obras de esos años. En el Viejo se levantó un ala nueva en 1960 y en el Nuevo la remodelación empezó en 1962, con planos del arquitecto Miguel Arregui. En 1979 pasaron por los balnearios 6.313 bañistas: 4.466 por el Nuevo y 1.847 por el Viejo.
La trayectoria más larga es la de Francisco Huarte Goñi, a quien su hija Rocío Huarte Arregui dedicó un artículo en la revista municipal «Fitero» de 2019. Nacido en Pamplona en 1928 y doctor en Ingeniería Industrial, trabajaba en una fábrica de plásticos cuando, a la muerte de su padre, Luis Huarte Baztán, entró en el Consejo de Administración en 1956, como su miembro más joven. Durante años subía por las tardes a Fitero tras la jornada, con casi dos horas de viaje. Según ese relato, en los años setenta la casa abría tres meses y en 2019, diez. Dejó el puesto ese año, con 91, tras más de seis décadas como consejero delegado. El artículo no precisa qué papel tuvo su padre en la empresa ni si había parentesco con Domingo Huarte.
El Ayuntamiento entregó el Galardón de Reyes de 2026 a Raimundo Azpilicueta Zaracaín por más de cuarenta años en la dirección y gestión del balneario. Su nota recuerda también que, desde el 6 de abril de 2020, en plena pandemia, el balneario cedió sus instalaciones al Gobierno de Navarra para atender a mayores con COVID-19 que no necesitaban hospital: 48 plazas para personas llegadas de residencias de la Ribera y del Hospital Reina Sofía.
Fuentes
- Manuel García Sesma
- Serafín Olcoz, «Los Baños Romanos de Fitero»
- Biblioteca Navarra Digital
- Revista «Fitero» 2019 (Rocío Huarte Arregui)
- Manuel García Sesma, «Los fiteranos»
- Ayuntamiento de Fitero
- Balneario de Fitero
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas.