Baños de Fitero: historia del balneario termal del río Alhama, de los monjes a Bécquer
Las aguas termales de Fitero se usan desde época romana y durante siglos pertenecieron al monasterio cisterciense. De los Baños Viejos y los Baños Nuevos salieron los balnearios Virrey Palafox y Gustavo Adolfo Bécquer, con diligencias, autobuses y hasta un tren que nunca llegó.
Los Baños de Fitero están en el valle del río Alhama, a unos kilómetros del casco urbano, al pie de unos cortados de roca. Turismo Fitero considera su estación termal una de las más antiguas de España y sitúa sus primeras termas en época romana. El agua brota hoy de dos manantiales de composición parecida: unos 1.700 litros por minuto en el Balneario Gustavo Adolfo Bécquer y unos 850 en el Virrey Palafox, según esa misma fuente.
Durante siglos los baños fueron de los monjes cistercienses. La historia que publica el propio balneario cuenta que Sancho III de Castilla entregó las termas al monasterio de Fitero en 1157, el mismo año en que donó al abad el señorío del castillo de Tudején. En 1507 fueron saqueadas y destruidas, pero se rehicieron pronto, y a finales del siglo XVI las regentaba el matrimonio formado por Pedro Navarro y Ana de San Juan. Manuel García Sesma recoge que un plano del siglo XVII, publicado por Florencio Idoate en su catálogo documental de Corella, ya dibuja el camino de Fitero a los Baños Viejos.
Allí nació el 24 de junio de 1600 Juan de Palafox y Mendoza, que llegaría a ser obispo de Burgo de Osma, arzobispo de México y virrey de Nueva España. Aquel establecimiento antiguo, los Baños Viejos, lleva hoy su nombre: Virrey Palafox. En 1805, siempre según el balneario, se levantó un edificio para alojar a soldados del Regimiento de Caballería de Borbón.
El gran cambio llegó con la desamortización de Mendizábal, que sacó a los monjes del monasterio y dejó los baños en manos privadas; el balneario cita como propietario desde 1837 al tudelano Juan José Aréjula. En 1846 unas obras mineras confirmaron que había un segundo manantial y junto a él nacieron los Baños Nuevos: el primer edificio se inauguró en 1847 y los planos del gran inmueble son de 1868. Las dos sociedades que explotaban los Viejos y los Nuevos se unieron en 1910 en una sola, Baños de Fitero S.A.
Los Baños Nuevos llevan el nombre de Gustavo Adolfo Bécquer, que acudía a tomar las aguas y, según el balneario, compuso aquí «El Miserere» y «La cueva de la Mora». Esta segunda leyenda arranca precisamente «frente al establecimiento de baños de Fitero»: el poeta describe unas rocas cortadas a pico sobre el Alhama, coronadas por las ruinas de un castillo árabe, con arcos rotos, sillares carcomidos y hiedra entre las grietas.
Llegar a los Baños fue durante mucho tiempo una pequeña aventura, que García Sesma reconstruye en sus «Investigaciones históricas sobre Fitero». En 1817 el Ayuntamiento pidió a Correos que la valija pasara por la villa, alegando que tenía unos baños termales muy concurridos por gente distinguida de la corte y de otras ciudades. El primer servicio de viajeros por carretera de Fitero lo puso en la década de 1830 el propio Baño Viejo: según Pascual Madoz, una diligencia que en la temporada de verano venía de Tudela un día sí y otro no, a 20 reales el asiento, más un real al postillón en cada parada.
En 1905 fracasó el proyecto de un tren de vía estrecha que debía unir Castejón con los Baños Nuevos. En 1910 la sociedad Baños de Fitero compró dos autobuses Hispano-Suiza que jubilaron las diligencias; su parada frente a la plazuela de San Antonio fue todo un espectáculo para los vecinos, que no entendían cómo aquellos coches andaban sin caballos. La carretera de Tudela a los Baños fue la primera del término en asfaltarse, en los años treinta, y durante años el Balneario Nuevo tuvo en temporada su propia oficina de Correos y Telégrafos, atendida por funcionarios que se relevaban cada quince días.
Entre sus huéspedes, el balneario destaca al papa Benedicto XV y al modista Cristóbal Balenciaga, además de Bécquer y Palafox. Hoy los dos establecimientos forman el que Turismo Fitero describe como el mayor complejo hotelero de Navarra por capacidad. Quien se acerque puede completar la visita con dos rutas que propone la oficina de turismo: «Huellas de Palafox» y la ruta de Bécquer.
Fuentes
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